Desde 1989 que voy (13 años), y la primera vez fui con mi abuela. Es el único evento del año que no cambio por nada. Hice grandes amigos (de la Pere), con ellos estamos en la rampa principal y somos las piernas de quienes llegan en sillas de ruedas o camillas, que los hacen entrar en la basílica para que puedan encontrarse con la Virgen, su madre. Es una experiencia única, todos deberían vivir al menos una vez. Es un día en el que, recibimos mucho más de lo que damos.