Procesión de enfermos al Santuario de Luján

Nota del Diario La Nación 27 de Octubre de 1991

Peregrinos: desde distintos hospitales, asilos y casas de familia fueron a rezar ante la patrona de la Argentina.

20160420_191639Mas de 1500 enfermos acudieron ayer a la basílica de Luján, en la tradicional peregrinación anual iniciada hace mas de cuarenta años por iniciativa de Maria Luisa del Carril.

A hora temprana, unos 45 ómnibus recogieron enfermos en numerosos hospitales, asilos y hogares y se concentraron en los alrededores de avenida del Libertador y Tagle, donde vive Maria Rosa Sicardi de Cullen, encargada principal de la organización.

Ochenta autos particulares buscaron a otros enfermos y ancianos en sus domicilios. Sin contar a quienes fueron espontáneamente, sobrepasando las previsiones.

“Todo se hace por amor a la Virgen” comento la señora de Cullen. Destaco la colaboración de chicos y chicas de distintos colegios y las donaciones que permitieron brindar un almuerzo a todos los asistentes. “lo que mas nos cuesta es el alquiler de los ómnibus”, dijo.

En la puerta principal de la basílica se había colocado una rampa, donada hace cuatro décadas por la Armada, para facilitar la entrada de quienes acuden en sillas de ruedas. Con otros jóvenes, Jorge Steverlynck ayuda a subir a quienes o necesitaban. La enorme rampa se guarda en un depósito de su familia, a pocos kilómetros, en Villa Flandria.

Tamara Garcia Bouza, una chica de 20 años egresada de la Escuela Argentina Modelo y alumna de filosofía en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, venia a ayudar por tercera vez. Acompañaba a un grupo del Cottolengo de Claypole. “A nadie le divierte levantarse a las 6 de la mañana de un sábado, pero es un pequeño sacrificio para que todos estén contentos. Los enfermos esperan muchísimo este día. Los llevamos a que se confiesen y a que asistan a la misa”.

Cerca de ella, Doloares Bengolea, de 19, egresada del Jesús Maria, ayudaba a la preparación de las mesas. Venía por primera vez. al igual que Cecilia Durán, de 19, del Ciclo Básico de la UBA. “En el ómnibus veníamos cantando  y rezando con chicas que tienen el síndrome de Down”, contaron.

Poco después de las 11, comenzó la misa en la basílica, concelebrada por diez sacerdotes. En la homilía, el obispo auxiliar de Mercedes-Luján, monseñor Heberto Angelo, señaló que Maria compartió el dolor, el sufrimiento, la soledad, junto a la cruz de Jesús. Y subrayó el sentido redentor del dolor.

En el ofertorio, enfermos en sillas de ruedas acercaron cálices y vinajeras al altar. La comunión fue luego repartida por toda la iglesia, que vibraba con el canto: “Señor, me has mirado a los ojos”.

Ignacio Bustillo, un muchacho de jeans, remera colorada y pulover gris, de 15 años alumno del San Juan Bautista y Martin Spotorno, de 16 del Champagnat. “Después los acompañamos a comer y tenemos que lavar los platos”, dijeron, En total hubo unos 400 voluntarios.

Al concluir el oficio religioso, una mujer con muletas leyó una invocación: “Señora y madre nuestra, nosotros tus hijos, los enfermos, hemos venido a visitarte”.

“En estos 500 años de la evangelización, nos unimos con nuestro sufrimiento y con nuestra oración a nuestros hermanos. Damos gracias por la fe recibida: que se sea una fuerza que transforme nuestra vida y nuestra sociedad.”

Entre los asistentes se hallaba Celia Sommer de Balcarce, que el 1º de marzo próximo cumpliría 85 años, Celia no formaba parte de los enfermos, sino de los voluntarios que los ayudaban. Vestia pantalones y estuvo de pie hasta la mitad de la misa, cuando le ofrecieron una silla plegable.

Con cuatro años -noventa menos que Celia-. Jainén Gómez es una chiquita que necesita un andador para caminar. “Nacio así. tienen en la médula una malformación congénita de por vida”, dijo su mamá.

Al final, los enfermos elevaron sus manos hacia la imagen de Maria. Sonriendo, Jainén saludo con sus manitas a la virgen. Y cuando todos aplaudieron, aplaudio.

Por: Jorge Rouillon

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