Clarin, Noviembre 2004

Centenares de enfermos en camillas, o en sillas de ruedas; mujeres y hombres con andadores o muletas bajan de los numerosos colectivos estacionados en la explanada que se encuentra frente a la Basílica de Luján.

Es la imagen que se repite en cada 30 de octubre, como el pasado, cuando el padre Alejandro Galiardo celebró la misa por quienes padecen enfermedades y dolores físicos. Al cierre, el capellán mayor de los hospitales, Roberto Leila, bendijo a los peregrinos.

Cada año, el último sábado de octubre, se realiza esta singular peregrinación de los Enfermos que llega a los pies de la Virgen de Luján, para pedirle consuelo, fe y esperanza.

Un grupo de 14 mujeres es el motor que impulsa esta peregrinación que ya cumplió sus 60 años; y la de este año convocó una cifra récord de más de 2000 enfermos. Ellas lograron una marcha alegre que alimenta la fe de cientos de discapacitados.

«Sin esta posibilidad, habría miles de enfermos que jamás podrían viajar hasta Luján. Los peregrinos que van son personas humildes que no están en condiciones de costear el viaje. Nos alegra poder regalarles esta oportunidad de acercarse a la Virgen y compartir un día de esparcimiento y alegría con tantos otros que sufren dolores físicos. Los peregrinos salen reconfortados y llenos de esperanza», cuenta María Rosa Siccardi de Cullen, presidente de la Peregrinación de Enfermos a Luján.

Cullen explica que la peregrinación surgió hace más de 60 años y que inicialmente visitaban el santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Santos Lugares. «Pero el número de personas comenzó a incrementarse notablemente y ya no entrábamos allí. Por eso optamos por Luján».

El sistema de organización está sumamente aceitado. Los enfermos se contactan con el grupo coordinador, que contrata micros y combis para llevar a los enfermos. Los pasan a buscar por sus casas u hospitales donde estén internados para llevarlos a la Basílica. Luego almuerzan y, a media tarde, inician el regreso a sus hogares. Todo es gratuito.

Este impacto de vivencias espirituales fuertes, mencionado por Cullen, también figura en el relato de otros coordinadores de viaje, como José Luis Vázquez, del grupo Reina de Fraternidad Cristiana, que atiende a discapacitados. «Peregrinamos desde hace seis años y a esta fuimos 112 personas; en su mayoría, discapacitados físicos o mentales. Lo que más me impactó fueron sus ca ras de alegría y entusiasmo por compartir una misa, rezar por otros, divertirse en el almuerzo. Como peregrino, salí de Luján lleno de alegría y fuerzas para seguir trabajando. Los enfermos esperan esta peregrinación con ilusión», dice Vázquez.

Lorena Cozzolino, con síndrome de Down, no pierde oportunidad de rezarle a María. «La quiero mucho y me divierte participar. Me siento cómoda: bailo, como, rezo y hago nuevos amigos. Por nada del mundo me la perdería. Es una emoción poder estar allí», dice la simpática y locuaz joven de 27 años.

Agustina Lanusse

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